Rastros de Dixan

El juicio

El periodista de NEFA Claudio Franco firmó pero no realizó la entrevista en la que Maulvi Omar reivindica un atentado en Barcelona

En octubre del 2008 el periodista Fernando Reinares publicaba en el diario El País una exclusiva dentro del formato de artículo de opinión. El texto, titulado «¿Quién quiso atentar en Barcelona?», abría una nueva pista sobre la supuesta preparación de un atentado contra el transporte público en Barcelona. Reinares daba a conocer un video en el que uno de los portavoces del grupo Tehrik e Talibán Pakistán, Maulvi Omar, afirmaba que «los doce hombres de Barcelona habían jurado lealtad a Baitullah Mehsuh» y que el TTP «asume la responsabilidad de los hechos de Barcelona» por la presencia militar española en Afganistán. El video dado a conocer por El País fue posteriormente avalado por un informe de la Guardia Civil e incluido en el sumario contra los 11 del Raval que se juzga estos días en la Audiencia Nacional. Esta prueba, dudosa desde un principio, hoy ha perdido muchísima de la escasa credibilidad que podía tener, después de que su presunto autor reconociera que la firmó pero que no la llevó a cabo.

El asesor de la NEFA Foundation —una entidad cercana al Departamento de Estado estadounidense y en cuya web puede verse el video de Maulvi Omar— Claudio Franco (en la imagen), ha declarado hoy al tribunal que ni siquiera mantuvo una conversación telefónica con el portavoz del TTP. Franco ha dicho que en el momento de llevarse a cabo el encuentro con Omar, el 1 de agosto de 2008, él se encontraba en Londres y que en ningún momento fue partícipe del encuentro. Respondiendo a una pregunta realizada directamente y de motu propio por el magistrado Javier Gómez Bermudez —en un gesto bastante poco habitual en el juez que, normalmente, se limita a corregir o reformular los interrogantes de las partes—, el periodista de origen italiano ha reconocido que se limitó a enviar las preguntas a un colaborador suyo en Pakistán, del cual no ha dado el nombre, y que fue éste el que realizó el contacto y la entrevista en la zona de Wazristán, además de la traducción del pashtu al inglés para subtitular el video.

Claudio Franco también ha admitido que, entre las preguntas realizadas a Maulvi Omar, una de ellas interrogaba expresamente sobre Barcelona y que no era una pregunta genérica sobre acciones del TTP en Occidente. Esto apunta más si cabe al carácter falaz y oportunista de la reivindicación. Hay que recordar que a principios de este año la misma organización asumió como un atentado propio la matanza de 14 personas ejecutada por un ciudadano de origen vietnamita en un Centro de Inmigrantes de Nueva York, en términos casi idénticos a la vindicación sobre Barcelona: «Acepto la responsabilidad. Eran mis hombres. Se lo ordené en respuesta a los ataques de los aviones no tripulados de Estados Unidos». Declaración inmediatamente desmentida por el FBI, que confirmó que se trataba de una acción individual sin vinculaciones terroristas de ningún tipo.

Franco, que ha pedido declarar con la protección de la misma cortina tras la que han comparecido el testigo protegido y policías y peritos, también ha atribuido a «razones técnicas» el desfase existente entre el audio y la imagen durante la intervención del protagonista del video. Según el periodista, ambas partes estaban por separado y por tanto se montaron una sobre la otra. Durante su comparencia el abogado Jacobo Tejeilo también ha hecho referencia al intento realizado en 2003 por el periodista y asesor de la NEFA, de infiltrarse en la fundación musulmana Al-Muhajirun, ubicada en Londres y perfectamente legal, haciéndose pasar por un musulmán converso con la intención de descubrir un supuesto complot terrorista.

A otro nivel, los guardias civiles con números de identificación G 10377 D y D 863465 S, que escribieron el informe en el que se avalaba a la NEFA como una fuente solvente y fiable y el video como verosímil para ser aportado como prueba a la causa, hoy han reconocido que no hicieron más comprobación que visionar el documento audiovisual en la web de la NEFA, ya que esta asociación está entre sus fuentes habituales de consulta sobre terrorismo islámico. Según su propia declaración, en ningún momento se pusieron en contacto con ningún representante de la fundación ni con el supuesto autor del video.

Por otra parte, hoy también han declarado, en calidad de peritos, los Guardias Civiles que realizaron en su momento los diferentes informes científicos sobre explosivos, huellas dactilares y perfiles genéticos, en los que se ha confirmado la ausencia de pruebas incriminatorias contra los acusados. Los miembros de los TEDAX que han comparecido hoy han reconocido que la nitrocelulosa aportada a la causa, «en el estado en que fue hallada en lugar de reventar lo que provoca es chispas y colores». En este sentido, también han reconocido que la procedencia del polvo hallado en una bolsa blanca se corresponde en composición con el de las 8 bengalas Fontaine Royal que también figuran entre las pruebas del caso y que éstas están consideradas entre las «poco peligrosas, para niños de más de 8 años». Sobre la procedencia de las bengalas han declarado que «son de fabricación china pero de marca francesa». Este extremo vuelve a señalar en dirección al testigo protegido F1, que habría llegado tres días antes de que se activara el dispositivo policial, procedente de París.

Los TEDAX también han confirmado que los supuestos temporizadores de los que se ha hablado hasta ahora —y de los que el tribunal sólo ha conseguido localizar las carcasas— son «relojes de cocina» y que con ellos y el resto del material encontrado no es posible elaborar un artefacto capaz de causar estragos físicos o materiales. Pese a ello, han vuelto a señalar la hipótesis de que con dicho material se podrían estar llevando a cabo «ensayos». A la pregunta de la defensa de si con cables y pilas puede fabricarse un detonador, los TEDAX han respondido que no.

El resto de peritajes policiales han confirmado lo que ya podía leerse en los informes. En la bolsa en la que se encontró el supuesto material incriminatorio solamente encontraron dos huellas dactilares, ninguna coincidente con los 11 acusados, mientras que en un cuaderno y una hoja manuscrita también aportadas como pruebas se encontraron 16 huellas, pero ninguna corresponde a los imputados. En cuanto a los perfiles genéticos, sólo algunos de los restos encontrados en un rollo de cinta aislante pertenecen al acusado Mehmood Khalid, a lo que hay que añadir un perfil genético de varón que no ha sido identificado en la base de datos de la Guardia Civil.

La jornada de hoy del juicio, con la que se da por finalizada la primera tanda, confirma la ausencia de fundamentos materiales capaces de incriminar a ninguna de las 11 personas que llevan diez meses en la cárcel y cuatro días sentadas en el banquillo de los acusados. A esa falta de pruebas se le añade la falta absoluta de rigor demostrada hoy por el periodista Claudio Franco, responsable del video con el que se pretendía demostrar un complot urdido desde las montañas de Wazristan para realizar un atentado en Barcelona. Si las leyes de la lógica fueran aplicables a los actos de la Audiencia Nacional, podríamos decir que pintan bastos para el castillo de naipes que es este sumario. El lunes se reanuda el proceso. Habrá que esperar todavía.

Agentes del CNI se trasladaron a Madrid dos días antes del telefonazo de F1 y la Guardia Civil ya conocía su nombre el día 18

Una de las personas detenidas en su momento revela que recibió presiones de la Guardia Civil para «colaborar» después de su puesta en libertad

Nada parece como se había contado hasta ahora. A tenor de la declaración del agente del CNI con placa 5.404, que declaró esta mañana separado visualmente del resto de la sala por una cortina, la operación se había puesto en marcha como mínimo dos días antes de la fecha en la que el testigo protegido F1 dijo haber avisado por teléfono de los supuestos atentados suicidas. El agente de los servicios secretos ha afirmado, a preguntas de la defensa, que fue enviado a vigilar un inmueble en la calle Santa Madrona de Barcelona el día 17 pero que llegó a la capital catalana «dos o tres días antes». Su llegada junto con otros agentes se habría producido como mínimo el día 15, el mismo día o un día antes de la fecha en la que F1-Asim Iqbal dice haber llegado a Barcelona. Por lo tanto, el CNI tenía en preparación un operativo antes de que Iqbal llegara a la mezquita y mucho antes de que supuestamente le comunicaran que iba ser uno de los supuestos suicidas.

Este mismo agente fue quien recogió una bolsa de basura de un contenedor cercano al edificio de Santa Madrona, en el que dice que se hallaban «unas tenacillas, temporizadores de cocina, cables, restos de comida, pilas…», pero sobre el cual no le dieron órdenes urgentes: «me ordenaron que me lo llevara al domicilio en el que estaba viviendo y que al día siguiente lo entregara a la Guardia Civil».

Por su parte, los agentes de la Guardia Civil que han comparecido hoy han atribuido al CNI el inicio de la operación y han asumido la responsabilidad de ésta sólo a partir del 18 de enero, afirmando no saber nada de las investigaciones o las supuestas pistas recibidas en días anteriores. Pero aunque el Guardia Civil con identificación E 965201 D, instructor durante el operativo del 18 de enero, ha afirmado en la sesión de la mañana que no sabían ni el número ni la identidad de quienes estaban en las mezquitas y los inmuebles intervenidos, algunos de sus compañeros han respondido en sentido contrario durante la tarde. En concreto dos de los agentes que participaron en el allanamiento y registro de la calle Maçanet, han asegurado que comunicaron al responsable de la operación los nombres de las personas que se encontraban en la mezquita, y que fue aquel quien decidió la detención de todos menos del testigo protegido. En concreto el agente 26.580 W ha afirmado: «comunicamos telefónicamente los nombres al instructor y él decidió dejar en libertad a esta persona». Posteriormente ha añadido que F1 se marchó «acompañado de dos compañeros».

Lo que parece que queda fuera de toda duda es que F1-Asim Iqbal recibió en todo momento un trato claramente diferenciado al de los demás, siendo separado del resto en el mismo momento de la entrada a la mezquita de calle Maçanet y recibiendo un trato de testigo protegido incluso con anterioridad a que se realizaran las gestiones pertinentes para obtener dicho estatus. Hasta el día 22 la Guardia Civil no inició los trámites para darle protección, pero entre el 18 y esa fecha estuvo bajo custodia policial.

Otro hecho relevante lo ha aportado hoy uno de los testigos de la defensa, detenido el día 18 en la mezquita Tareq Ben Zyad y puesto en libertad cinco días después. M.H. ha revelado presiones de agentes de la Guardia Civil, una vez fue puesto en libertad, para que colaborara con ellos como infiltrado en las mezquitas, a cambio de dinero y de obtener la nacionalidad. Según declaró el testigo, el mismo día que fue puesto en libertad, cuando se encontraba en la estación de Passeig de Gràcia de Barcelona esperando un tren hacía Tarragona, recibió una llamada de una pareja de la benemérita que le dijeron: «¿dónde estás? Somos de la Guardia Civil, estamos en la puerta de tu casa esperándote». Durante esa llamada se citaron en la estación de Tarragona para mantener una conversación en la que le ofrecerían dinero y la nacionalidad a cambio de «colaboración». Pese a su negativa, diferentes agentes de la Guardia Civil se ponían en contacto con él «cada tres semanas» para reiterarle la misma oferta e intentar convencerlo. Así fue al menos hasta julio de 2008, parece que en un intento a la desesperada de hallar algún tipo de prueba que justificara el proceso.

La versión oficial de los hechos mantenida durante dos años, entre ayer y hoy en lugar de aclararse se ha hecho más difícil y problemática de lo que era. Eso lógicamente no facilita el trabajo del tribunal a la hora de valorar los acontecimientos y la veracidad de lo dicho hasta ahora. Lo que sí es cierto es que los cambios producidos entre la declaración ayer de F1 y las policiales de hoy, no le han dado más coherencia ni solidez a la escasez de hechos y pruebas materiales existente. Lejos de adquirir coherencia, el relato oficial se vuelve más irreconocible e inverosímil cada día que pasa.

 

El testigo protegido dice ahora que no acudió a la policía española sino que llamó por teléfono «a un amigo francés que era policía»

El tedio del primer día de juicio todavía podía respirarse esta mañana entre pasillos. Alguna periodista catalana se paseaba saludando a unos y a otros con respingos de entusiasmo mientras el periodista Fernando Reinares —descubridor del video en el que Maulvi Omar reivindica un supuesto atentado en Barcelona—conversaba distendidamente con el abogado Josep María Fuster Fabra de la Associació Catalana de Víctimes d’Organitzatcions Terroristes, buscando una salida digna a alguno de los puntos flacos del sumario.

La mañana transcurriría sobre una cinta automática a la espera del testimonio del testigo protegido F1 que ya se rumoreaba que llegaría a la tarde. Todo sin más sobresaltos que algunas notables meteduras de pata del Ministerio Fiscal. Dos veces más Vicente González Mota confundió el término Tehrik (de las siglas Tehrik e Talibán Pakistán) con el de Tabligh. En la cuarta ocasión en la que el fiscal confunde ambas palabras le preguntó al acusado Mohammed Tarik: «¿es usted miembro del grupo Tahriq e Tabligh?». Fue el propio Tarik quien reprendió y corrigió al Ministerio Fiscal: «no existe ese nombre». Después de tanto reiterar este error, cabe preguntarse si Fiscalía no ha conseguido aclarar la diferencia entre ambos términos ―con lo que también está en duda su capacidad de discernimiento en este proceso― o si, con peor intención, pretende inducir a una declaración autoinculpatoria forzando algún equívoco fonético. Pero no fue la única meada fuera del tiesto de González Mota. Su última pregunta al ciudadano indio Roshan Jamal Khan fue: «¿cuántos años ha vivido usted en Pakistán?». Khan contestaría «ninguno, soy de India» ante la risa general de la sala. González Mota ha pedido entre 11 y 18 años de cárcel pese a no saber distinguir en el segundo día de juicio entre un grupo armado y una corriente religiosa, algo que, por cierto sí que hizo F1: «Tehrik y Tabligh no son lo mismo»

Sólo a la tarde llegaría el testimonio que inclinará la balanza de este caso. Pasadas las 17.00 horas declararía el cifrado por la policía como F1 y conocido por algunos acusados como Asim Iqbal, que ha dicho que éste es su verdadero nombre, y que fue el hombre llegado de Francia y artífice de la denuncia que provocaría la intervención policial. A pesar de que durante el interrogatorio del Ministerio Fiscal, la declaración de Iqbal se reveló como el único elemento con cierta coherencia interna de todo el aparato acusatorio, a la vez su testimonio estaba en abierta contradicción tanto con las declaraciones de los 11 imputados como con el resto de elementos del sumario. Eso quedaría patente durante las intervenciones de Benet Salellas y Jacobo Tejeilo.

La principal contradicción del acusado ha sido el añadido de un elemento que hasta ahora no figuraba en ninguna de las declaraciones y que varía de manera considerable la versión ofrecida hasta ahora. La base sobre la que se ha construido el caso es el arrepentimiento de F1 y su posterior denuncia ante las fuerzas de seguridad. Hoy F1 ha afirmado algo más rocambolesco: refugiado en los aseos de la mezquita, Iqbal habría llamado a Francia, a un conocido suyo miembro de la policía gala, y le habría explicado que «estaba viviendo con gente que iba a cometer un atentado», pidiéndole que hiciera algo para evitarlo. El propio F1 ha dicho que conoce a este policía porque acudían al mismo bar en París pero que no son amigos íntimos. Lo que no ha conseguido explicar al tribunal es en qué momento y por qué razón esa persona le explicó que era policía. El testigo protegido se ha encargado de aclarar que no sabe si fue esta llamada ―que no figuraba en sus declaraciones anteriores― la que provocó la detención, sin esclarecer por qué no ha dado a conocer hasta hoy este detalle.

Este elemento, que invalida una parte del relato hecho hasta ahora, añade más confusión a una pregunta clave del sumario: cuál fue la fuente informativa que provocó la puesta en marcha de un operativo de carácter preventivo.

Pero hay más contradicciones aún. Durante las más de tres horas que ha durado la comparecencia del F1, éste ha reiterado varias veces que las supuestas cargas explosivas serían activadas por una persona distinta a los presuntos suicidas con un control remoto, lo cual invalidaría los temporizadores entregados como prueba y de los que se ha dicho que formarían parte de la logística para fabricar explosivos.

F1 también ha hecho bailar varias veces el número y el supuesto modus operandi de los suicidas. Si en sus declaraciones en el periodo de instrucción había señalado a cinco incluyéndose a él mismo y que explosionarían por separado, hoy ha repetido en varias ocasiones que serían cuatro y que actuarían por parejas. Posteriormente, durante el interrogatorio del defensor Jacobo Tejeilo, F1 ha llegado a reconocer que los suicidas serían hasta seis, ya que había dos de ellos que no se sabía en que momento iban a actuar.

Algo más que llama la atención es que este individuo se ha situado siempre como un subordinado, tanto respecto a sus jefes de la organización terrorista a la que dice pertenecer como respecto a los presuntos jefes de la célula de Barcelona, pero conocía un nivel de detalle que incluía incluso en qué ciudades se atacaría después de Barcelona y cuáles serían las supuestas reivindicaciones de Al Quaeda.

Sobre su detención F1 ha reconocido que en ella reconoció a la Guardia Civil ser miembro de Al Quaeda, a pesar de lo cual —y de que fue el único en reconocer su pertenencia a una organización terrorista— los agentes le propusieron ser testigo protegido «para salvar las vidas de mucha gente».

Después de este testimonio, a los agentes del CNI destituidos seis meses después de esta operación, les quedan unos cuantos vacíos y contradicciones por aclarar. En cualquier caso, los cambios que ha hecho hoy F1 dejan aún más desnuda la dificilísima verosimilitud de la historia contada hasta hoy.

El acusado Maroof Ahmed Mirza sufre graves problemas psicológicos fruto de su estancia en prisión

 

Después de la sesión del jueves del juicio a los 11 del Raval, la mayoría de medios de comunicación magnificaron un hecho determinado: la negativa a declarar de Maroof Ahmed Mirza. Mirza respondió a la primera pregunta del fiscal, negando conocer a Baitullah Mehsuh ―el lider del grupo Tehrik e Taliban Pakistán―, y acto seguido afirmó que «no me encuentro bien». Tras una entrevista con el abogado Jacobo Tejeilo fuera de la sala, a la vuelta Mirza hizo saber que no quería continuar respondiendo a las preguntas del tribunal. Sobre este acusado se han vertido las acusaciones más graves que recoge el sumario: «lider religioso y operativo del Grupo y organizador de los potenciales atentados terrorista […] es la persona que elegía y cambió los planes sobre fecha y lugares para la comisión de los atentados suicidas» según el instructor Ismael Moreno. Por esta razón, y pese a que el testigo protegido F1 era el mar de fondo en la sala, el rechazo de Mirza a declarar se convirtió en el principal foco de atención de los medios.

La importancia dada a su silencio no es ajena a que las 2 horas y media que duró la primera vista fueran un mero trámite. No en vano, aparte de su negativa a declarar, una frase de Qaader Malik en la que señalaba que «un animal no caga donde come» ―refiriendo que cómo iba a cometer un atentado allí donde vive y trabaja― fue la comidilla mediática al día siguiente. Sea como sea, el mutismo de Mirza dio lugar a todo tipo de conjeturas, desde los motivos religiosos hasta la insinuación de supuestas diferencias con su abogado: «Los motivos pueden ser varios: que el acusado no haya podido preparar a fondo la declaración con su abogado, que este último tema que su defendido meta la pata al hablar… Algunas personas de fuertes creencias religiosas prefieren incluso no declarar y no defenderse antes que arriesgarse a verse en el brete de tener que mentir» (El Periódico, 13/11/2009).

Lo cierto es que Mirza, según hemos podido saber de fuentes cercanas a la defensa, se encuentra en una situación psicológica y emocional grave, fruto de su estancia en prisión desde enero de 2008 y de la situación económica de su familia, que depende totalmente de él en ese aspecto. Su mujer y sus cuatro hijas viven desde entonces del apoyo de familiares y miembros de la comunidad pakistaní, sin que dispongan de recursos para valerse por sí mismas. Eso y la dureza de la vida en la cárcel han supuesto un mazazo para el carácter de Maroof Ahmed Mirza, que ha sufrido algunos episodios de ansiedad y depresión, al extremo de que al menos en dos ocasiones ha tenido que ser ingresado en un hospital psiquiátrico. Mirza actualmente está recibiendo asistencia psicológica. Según la defensa ejercida por Jacobo Tejeilo y Benet Salellas, es esta inestabilidad de Mirza la que explica su negativa a declarar y no ninguno de los motivos que se han manejado durante estos días.

Por otro lado, mañana se reinicia el juicio con la posible declaración del testigo protegido F1 como principal incógnita y expectativa. Pese a que nadie es capaz de afirmar si finalmente comparecerá ante el tribunal, si en algo hay unanimidad actualmente es en que su figura será la que determine el desenlace en este proceso.

F1 protagonista de la primera sesión del juicio a los 11 del Raval

Dentro de una sesión de carácter insustancial, en la que han comparecido 4 de los 11 acusados, el testigo protegido F1, identificado como Asim Iqbal –probablemente un nombre falso-, ha sido el protagonista pese a su ausencia. El acusado Sahib Iqbal ha ratificado su primera declaración ante el juez, afirmando que vio a F1 extraer una bolsa blanca de un escondite de la casa de la calle Santa Madrona donde le habían ofrecido hospitalidad, y que el testigo protegido le comentó que eran joyas de su mujer que «prefería llevar a la mezquita, porque la casa era vieja y podían entrar a robar». F1 llegó entre 3 ó 4 días antes de producirse la operación y pidió refugio en la mezquita, aunque finalmente fue alojado en la casa de Santa Madrona, invitado por Qaader Malik. Las declaraciones de éste y de Mohammed Ayub, coinciden en que F1 no fue invitado a orar con los Tabligh el fin de semana que se produjo la operación, pero que él pidió asistir, a lo cual accedieron. Ambos han declarado que el testigo protegido no fue detenido en ningún momento durante el operativo policial, mientras que Sahib Iqbal, a preguntas de uno de los defensores, Jacobo Tejeilo, ha declarado que F1 habló varias veces por teléfono, separándose del grupo para hacerlo.

De la vista ha llamado la atención el escaso contenido de las preguntas del fiscal, que ha ocupado la mayor parte de las dos horas y media que ha durado la sesión pero que en ningún momento ha parecido tener una línea clara de acusación o alguna lógica coherente en relación a los supuestos indicios existentes. Pese a la vulnerabilidad de los detenidos, con escaso conocimiento del castellano y teniendo que recurrir a menudo al traductor de urdú, en ningún momento el representante de la Fiscalía ha hallado contradicciones de consideración ni en las afirmaciones de los acusados en la sala ni entre éstas y las declaraciones hechas en su momento ante el Ismael Moreno. Ha resultado sorprendente la confusión del fiscal entre el término Tabligh –la tendencia islámica a la que pertenecen los acusados- con el de Tehrik, perteneciente al grupo Tehrik e Taliban Pakistan, que supuestamente habría asumido la autoría del atentado. En dos ocasiones ha preguntado a Qaader Malik: «¿pertenece usted al Tehrik?». Confusión verbal sobre la que el acusado le ha pedido claridad y resuelta gracias a la ayuda del traductor, pero que denota la escasa preparación del caso hecha por el Ministerio Fiscal, al menos en ciertos aspectos.

Por lo demás, en una vista inusitadamente corta –tras empezar a las 11 de la mañana, a las 13.30 Javier Gómez Bermudez la daba por terminada «por razones de agenda»- los acusados han rechazado cada una de las acusaciones que figuran en los informes policiales. Maroof Ahmed Mirfa, acusado de ser uno de los líderes de la célula, ha pedido no declarar por encontrarse mal, pero antes de eso ha negado conocer a Baitullah Mehsuh, el líder del TTP. Por su parte, Qaader Malik ha negado tener conocimientos de electrónica, el tribunal se ha visto obligado a explicarle qué era un temporizador y ha negado haber tirado la bolsa con basura y cables hallada por la policía en un contenedor cercano, que dice haber visto por primera vez en las fotografías enseñadas por la Guardía Civil. Sahib Iqbal también negó tener conocimientos de electrónica o de química, pese a la acusación policial de ser «experto en manipulación y fabricación de explosivos» que figura en los informes policiales. Finalmente, Mohammed Ayub, el pastelero acusado de ser uno de los líderes de la célula, negó que jugara ese papel o tender ningún ascendiente moral o espiritual sobre los demás.

Todas las declaraciones coinciden en negar cualquier estructura jerárquica o liderazgos formales o informales entre el grupo, y han afirmado que la noche en que se llevó a cabo el operativo policial se habían dado cita para rezar y dormir juntos y dedicar el día siguiente a realizar proselitismo entre la comunidad pakistaní. Sobre ello, todos han rechazado cualquier relación entre el Tabligh y planteamientos violentos.

En definitiva, esta primera sesión del juicio –suspendido hasta el próximo lunes- se ha convertido en un mero trámite para ratificar las declaraciones precedentes de los acusados, sin aportar nada nuevo, a la espera de la incierta comparecencia de F1. Uno de los medios que más carne en el asador han puesto desde que comenzó el proceso, El Periódico, señalaba hoy precisamente en esa dirección: «En los interrogatorios, todos los detenidos se declararon inocentes. Eso, sumado a la escasez de pruebas y a que no se halló una cantidad importante de explosivos, hace que la clave esté ahora en si el testigo protegido comparece o no. Si no lo hace o si no ratifica su anterior declaración ante el juez, la causa puede desmoronarse».

La Audiencia Nacional comienza el juicio a los 11 del Raval sin pruebas de armas ni explosivos

Carlos Yatero

El 19 de enero de 2008 Barcelona había entrado, para algunos, en una especie de sórdido ránking inaugurado en Nueva York en 2001 y del que forman parte Londres y Madrid por los atentados del 11 de marzo de 2004 y del 7 de junio de 2005. 14 hombres habían sido detenidos en El Raval y, según las filtraciones policiales simultáneas a la marcha de la operación, estarían preparando un atentado en el metro. Para la versión sobre la que se sostiene el sumario que comienza a juzgarse este 12 de noviembre —y en el que son 11 los imputados—, un terrorista identificado como «testigo F1», arrepentido en el último momento de la misión a llevar a cabo, habría acudido a la policía a denunciar una acción inminente capaz de causar decenas de muertos. Ante esta supuesta inminencia los servicios secretos habrían actuado invirtiendo «los habituales métodos de investigación, priorizando justificadamente el uso de los informes de inteligencia sobre la adquisición previa de pruebas».

Cinco días después El Periódico de Catalunya ocupaba su primera plana con este titular en tipografía gigantesca: «11S, 11M, 7J… 19E» (24/01/2008), coronando a Barcelona con un dignísimo cuarto puesto por un atentado que no sólo no se había producido sino que, como indica el citado informe policial, estaba por investigar. Dicha portada provocaría el sarcasmo del periodista Íñigo Sáenz de Ugarte: «El Periódico tiene tantas ganas de colocar a Barcelona en el triste panteón de ciudades atacadas por el terrorismo yihadista que ni siquiera puede esperar a que se produzca el atentado» (http://www.guerraeterna.com, 24/01/2008). Repitiendo un canon que hoy ya es habitual, las conjeturas mediáticas superaban en velocidad a la propia instrucción judicial y mientras los servicios secretos agotaban las 120 horas de incomunicación y aislamiento que permite la legislación antiterrorista, las secciones de sucesos y tribunales se lanzaban a la competición sensacionalista. Hasta el 23 de enero ni el misterioso «F1» ni ninguno de los 14 detenidos declararían ante el juez, pero desde el domingo 20 se repetían titulares de este tenor: «Armados con el explosivo La madre de Satán» (El País, 20/01/2008), «Al Quaeda ordenó desde Waziristán atentados suicidas en Barcelona» (El Periódico 21/01/2008), «Algunas informaciones hablan de un atentado suicida en una mezquita tras el rezo de los viernes» (La Vanguardia, Editorial, 20/01/2008).

El propio juez Ismael Moreno afirmaba la inminencia pero la negaba a la vez reconociendo que el material incautado «carecía de la suficiente potencia destructiva como para realizar un atentado con garantías de causar estragos». Más adelante los informes de laboratorio desestimaban la existencia de TATP —la denominada Madre de Satán—, mientras que los explosivos que la policía decía buscar en la zona de Levante no aparecieron nunca. En cuanto al señalamiento de alguna mezquita como objetivo, debió ser inventado a saber por quién, ya que ni siquiera figura entre las suposiciones incluidas en los reportes policiales al juez. Posteriormente, los mismos medios ocultaban otro hecho que pone en serias dudas el rigor del trabajo de las fuerzas de seguridad españolas. Según el semanario Directa, el CNI habría avisado a los servicios secretos británicos de la llegada de seis supuestos terroristas al aeropuerto de Gatwick, que luego resultarían ser importantes cuadros del partido del dictador Pervez Musharraff; en palabras de The Guardian, que publicó la noticia omitida por la totalidad de la prensa oficial española: «“Terrorist” group who turned out to be the president’s men» (el grupo «terrorista» que resultaron ser hombres del presidente). Meses después, en junio de 2008, el equipo del CNI responsable del operativo, encabezado por el subdirector de Contraterrorismo y el Jefe del Departamento de Terrorismo Islamista, sería disuelto.

Así, desde hace año y diez meses este caso se sustenta sobre algo tan objetivo a nivel jurídico como la confianza en la palabra de un hombre. Paradójico es que, ateniéndose al sumario, los únicos elementos claramente incriminatorios son precisamente contra «F1», identificado como Asim Iqbal en la declaración de uno de los imputados. Iqbal ha declarado pertenecer a una organización internacional, a la cual atribuye el nombre de «Lashkar e Tayyba» y para la que ha trabajado transportando dinero: «el declarante estuvo en Italia en varias ocasiones con sus amigos de Francia porque iban a recoger periódicamente grandes cantidades de dinero a este país. Que estas cantidades eran de cien mil euros cada vez y las recogían también en Bélgica y Holanda, Bruselas y Amsterdam respectivamente». El propio Iqbal afirma en su declaración que miembros de dicha organización le contactaron en Francia y «le dijeron que se fuera a Barcelona con esta otra gente. Que ese mismo grupo le enviaron a Pakistán y Afganistán para entrenarse». Por otra parte, las huellas halladas en la única bolsa incautada con posible material para preparar explosivos, no corresponden a ninguno de los 11 acusados. No obstante, uno de ellos afirmó ante el juez que dicha bolsa había sido transportada por «F1» las horas previas a que se produjera la intervención policial.

Ninguno de estos hechos ha variado la línea seguida en la instrucción, pese a que el relato policial también hace aguas. Toda la investigación se basa en el seguimiento, a lo largo del 18 de enero, del grupo que posteriormente sería detenido. En este caso, una reunión a priori similar a los retiros espirituales que realizan los adeptos al budismo o sectas ultracatólicas como el OPUS DEI, es interpretada en clave de sospecha: «El hecho de que la mayoría de los asistentes a esta reunión tuvieran domicilio –y algunos familia- en la ciudad de Barcelona y, aún así, eligieran pernoctar en el local de la calle Maçanet [una mezquita; nota del autor] evidencia la reserva de dicha reunión». También ciertas características o habilidades personales se convierten en indicios de criminalidad: «tiene conocimientos de Internet y de electrónica, habilidades, especialmente la segunda, extremadamente útiles en la fabricación de explosivos», «entre cuatro y cinco años atrás ambos mejoraron su espiritualidad y dejaron crecer su barba al aproximarse al Tabligh», «la espiritualidad de este encuentro es igualmente contradictoria en tanto en cuanto uno de los miembros mejor considerados, S.I. –que ni siquiera tiene televisión o radio en su casa- llevara un ordenador recién adquirido».

Actos o peculiaridades que pasan desapercibidos en cualquiera, pero que cuando se trata de ciudadanos musulmanes provocan la búsqueda de un doble sentido que a menudo alcanza el absurdo propio de una mirada neurótica. Lo que se lee entrelíneas en los informes policiales, forma parte de un imaginario islamófobo fruto del 11S y afilado en nuestro caso por el 11M, que tiene un lugar privilegiado entre las fobias de la tradición cultural española y que en Cataluña ha señalado a una población musulmana 280.000 personas como un foco de «islamismo radical».

En mayo de 2007 el Instituto Elcano y la Confederación Española de Policía señalaban que «el estudio de los terroristas ingresados en prisión en España, más de 300 desde finales de los años noventa, muestra de forma indudable que Catalunya es el epicentro de la actividad yidahista en nuestro país» y nada menos que el «centro de reclutamiento de terroristas islámicos más grande de Europa». Lo que ni unos ni otros indicaban es que el resultado final de las detenciones pone en tela de juicio la propia política antiterrorista: «En febrero de 2006, de los 211 detenidos, 104 estaban encarcelados. A junio de 2007 los datos habían derivado a peor: de 327 detenidos, 153 habían quedado en libertad sin cargos y sólo el 10% de 174 imputados (18 personas) tenían sentencia firme. En síntesis: el 46% de los detenidos de forma preventiva quedaban liberados tras las primeras 72 horas y únicamente el 5% del total tenía sentencia firme» (David Fernàndez y Albert Martínez en Rastros de Dixan. Islamofobia y construcción del enemigo en la era post-11S, Virus 2009). En 2007 los informes de inteligencia señalaban a Girona y más concretamente a la localidad de Salt como el principal núcleo de riesgo terrorista islámico. El «nido de terroristas» ahora se encuentra en El Raval.

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