Rastros de Dixan

diciembre 16, 2009

Los 11 del Raval no son terroristas

Filed under: El Juicio — yatero @ 8:29 am

Rueda de prensa

Jueves 17 de diciembre

a las 12 de la mañana

en los locales de la FAVB (c/ Obradors 8-10)

Barcelona

Con la presencia de:

Alberto López Bárgados (profesor de Antropología de la UB y miembro del Grup de Recerca de l’Islam a la Diàspora)

Benet Salellas (abogado de los detenidos)

Nabid Ayub (representante de las familias)

Este lunes 14 ha sido dada a conocer la sentencia contra los 11 acusados del Raval por preparar un supuesto atentado en el metro de Barcelona. A pesar de que la propia resolución judicial reconoce que «de los hechos probados no se desprende un plan suficientemente concreto y determinado», condena a los acusados a entre 8 y 14 años de prisión, considerando que, pese a que no disponían de ningún plan sí tenían la intención de llevarlo a cabo.

Las condenas se sustentan en el testimonio de un testigo protegido, cuyas afirmaciones son, como mínimo, contradictorias. Éste, el único de los implicados en el sumario que reconoce pertenecer a una red terrorista internacional, afirma que en enero de 2008 fue enviado de París a Barcelona para participar en un atentado; pese a lo cual en ningún momento fue tratado como un detenido por la Guardia Civil. Su supuesta pertenencia a una ramificación de Al Qaeda, no fue óbice, según él, para mantener relación con un miembro de las fuerzas de seguridad francesas, al que habría avisado del supuesto atentado.

A partir de ese relato se quiere enviar a 11 hombres a la cárcel entre 8 y 14 años, en una sentencia repleta de contradicciones. El tribunal reconoce que la sustancia calificada como explosivo es insuficiente por sí misma para fabricar un artefacto, pero aun así condena a dos de los imputados por tenencia de explosivos. La misma sentencia afirma que una organización internacional habría enviado a «varios de sus hombres» para realizar un atentado, a la vez que dice que no existía ningún plan de ataque.

En definitiva, la condena a los acusados se basa en cuatro elementos:

–  La acusación contra ellos del único terrorista confeso implicado en la causa.

–   Varios relojes de cocina, considerados temporizadores, sin aclarar el tipo o el supuesto artefacto en el que serían utilizados.

–  18 gramos de nitrocelulosa provenientes de bengalas de fabricación francesa, que según los TEDAX estarían destinadas al uso de niños de entre 8 y 10 años.

–  El vídeo de un supuesto portavoz talibán, grabado en la zona pakistaní de Wazristán, y del que no ha sido aclarada la autoría tras que el periodista Claudio Franco reconociera en el juicio que no era el autor del mismo.

Las familias de los detenidos y las entidades que consideramos desde el principio que se ha vulnerado la presunción de inocencia, pensamos que la condena de 11 hombres en base a estos elementos no hace otra cosa que darle continuidad a un proceso repleto de irregularidades. Una sentencia en la que ha primado la justicia preventiva y el prejuicio inicial contra los acusados por encima de la valoración objetiva y racional de los hechos y de las pruebas a disposición del tribunal. Los 11 del Raval no son terroristas.

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diciembre 15, 2009

El tribunal reconoce que no había ningún plan de atentado pero los condena entre 8 y 14 años

Filed under: El Juicio,Escritos del juez — yatero @ 12:52 am

La mayoría de los 11 del Raval han sido absueltos las dos principales acusaciones que pueden hacerse contra cualquier miembro de una organización terrorista. Tenencia de explosivos y homicidio y estragos en grado de conspiración, son delitos que ha descartado el tribunal para 9 de los 11 detenidos. Dos de ellos, Qaader Malik y Shaib Iqbal, sí han sido condenados por posesión de explosivos, después de que el tribunal haya considerado que podían considerarse como tales las bengalas de las que provenía la pirotecnia aportada como prueba.

La Sala III de lo Penal de la Audiencia Nacional, admite que los acusados no estaban preparando ningún atentado ni habrían adquirido el material para hacerlo. Pero, en cambio, sí considera que pertenecen al grupo Tehrik e Talibán Pakistán, liderado por el fallecido Baitullah Mehsuh; razón por la que 10 de los acusados han sido condenados a 8 años y 6 meses y uno de ellos, Maroof Ahmed Mirza, a 10 por ser el supuesto líder de la célula.

En el dictamen, basado exclusivamente en el testimonio del testigo protegido F1, se afirma que los imputados «se fueron radicalizando en su ideología, hasta el punto de decidir seguir los postulados de violencia y empleo de la yihad, preconizados por el líder talibán BAITULLAH MEHSUD, y entrar en contacto con los dirigentes de este grupo, vinculado a Al-Qaeda, y localizado en Pakistán». Cuándo y cómo se produjo ese contacto, es algo que no se explica en ninguno de los 32 folios de los que consta la sentencia.

En general, ésta da por sobreentendidas las supuestas intenciones de los imputados, realizando un relato que se pretende coherente, pero que continúa sin corresponderse con el supuesto material probatorio. La sentencia es un goteo permanente de suposiciones de este tipo: «no se explica que los minuteros se extraigan de sus carcasas, tirando las carcasas, y que la pólvora se saque de los cilindros de las bengalas, tirando los cilindros vacíos, máxime cuando a ello se añaden pilas, perdigones, cables y conectores». Eso a pesar de que ya durante el juicio un miembro de los TEDAX admitió de manera explícita que con dichos materiales es imposible fabricar un explosivo o siquiera un detonador.

En general, el tribunal hace un uso extremadamente selectivo de las pruebas y los testimonios y descarta de manera sistemática aquellos que resultan desfavorables al relato de los últimos diez meses. Tan selectivo que al final las carcasas de los minuteros, las bengalas y el polvillo de las bengalas son todo el material en que se basa la sentencia para condenar a 11 hombres a una década entre rejas. De hecho, todos los informes científicos han desaparecidote la resolución. Apenas se realiza una mención a éstos en la página 20, dirigida a relativizar su valor: «se han encontrado huellas dactilares no identificadas, lo que para las defensas es indiciario de que esas huellas pueden ser del testigo protegido, pero dado que no se ha realizado esa comparativa no puede estimarse así, máxime cuando el hallazgo de guantes de látex y goma explica la ausencia de huellas de los acusados».

El texto muestra una fe inquebrantable en el testimonio de F1, dando carta de naturaleza a algunos de sus aspectos más inverosímiles, como es la supuesta llamada del testigo protegido a un conocido suyo, miembro de la policía francesa: «Como F-1 no se resignaba a actuar como suicida, logró, sin que los demás se diesen cuenta, llamar por teléfono a una persona en Francia, que sabía vinculado a la policía francesa, y le expuso la gravedad de la situación en que se encontraba, pidiéndole su ayuda». Para el tribunal esa relación con un miembro de las fuerzas de seguridad galas no contradice la condición de terrorista confeso del testigo: «Este testigo F-1 ha relatado que trabajó unos tres años para el líder talibán BAITULLAH MEHSUD, que en ese tiempo él se encargaba de recoger dinero para la organización en distintos países europeos, y que estuvo en Paquistán y Afganistán en campos de entrenamiento».

Una de las principales contradicciones de la resolución es que considera entre los «hechos probados» que los ahora condenados «se prepararon para llevar a cabo una acción con explosivos contra el metro de Barcelona, y estando resueltos a llevarla a cabo comenzaron a prepararla», a pesar de que posteriormente los exculpa precisamente del delito de conspiración. El tribunal trata de salvar esta incongruencia escudándose en la falta de concreción de un plan: «no se había avanzado aún lo suficiente en la planificación para estimar la existencia del delito de conspiración, en relación a un homicidio o unos estragos». Pero sin un plan concreto es difícil de entender el sentido de confabulación que se le da a la reunión del 18 al 19 de enero en la que intervino la policía, o la afirmación de F1 de que tras realizar una llamada a su familia fue avisado de que ésta sería la última que hacía.

Respecto al video en el que supuestamente el portavoz del grupo Tehrik e Talibán Pakistán, reivindica un atentado inexistente en Barcelona, la sentencia ignora la confesada falta de profesionalidad de su supuesto autor: Claudio Franco. Pese a que durante su testimonio en el juicio Franco reconoció que nunca tuvo contacto físico, telefónico o escrito con el entrevistado, el tribunal presidido por Javier Gómez Bermudez le da credibilidad por dos razones. La primera es que «no consta que [el vídeo] haya sido rechazado por el entrevistado». La segunda fuente de credibilidad se refiere a la indumentaria de quienes aparecen en la grabación: «la forma en que van vestidas las personas que aparecen, como el paisaje que les rodea, y las armas que portan, concuerda con que se trata de un campamento de terroristas talibanes».

Pero quizás lo más delirante de la sentencia, es que el tribunal se ha visto en la obligación de negar la filiación religiosa de los acusados. Aunque desde el primer informe policial los detenidos son identificados como miembros del Movimiento Tabligh y de que incluso el testigo F1 los encuadró en esta tendencia religiosa, ahora la sentencia considera que no está probada la pertenencia de los imputados al Tabligh. El motivo es la prueba pericial en la que una antropóloga afirmó de manera tajante el carácter no-violento y pacifista de dicha corriente islámica. Eso, para la sentencia no pone en duda las supuestas tendencias terroristas de los acusados. Lo que «no se estima probado que los acusados sean seguidores de esa corriente».

En cualquier caso, cabe destacar el rechazo de la línea dura planteada por el Ministerio Fiscal en su alegato final, en el que pedía entre 17 y 26 años para los acusados.  En general, parece que estamos ante condenas de compromiso, ya que tanto los delitos de organización como los de tenencia de explosivos se sostienen sobre elementos mínimos. Una sentencia que parece dictada en cumplimiento de los «servicios mínimos» (en las cotas más altas de la injusticia) requeridos para mantener las apariencias de un sumario insostenible.

noviembre 23, 2009

El fiscal quiere una “verdad” sin pruebas y pide 8 años más de prisión para los 11 del Raval

Filed under: El Juicio — yatero @ 7:03 pm

Acaso porque en este juicio los hechos parecen por momentos escurrirse de la celda en que se hallaban confinados, el ministerio fiscal ha hecho, en su alegato, repetidas alusiones a la necesidad de “saber la verdad”. En el inesperado brindis metafísico que ha realizado la fiscalía en el momento de presentación del informe final, el esclarecimiento de los hechos queda postergado sine die en favor de las convicciones morales y políticas que se ocultan tras toda “verdad”; en este sentido, los fiscales acuden simplemente a los hechos para que confirmen las buenas intenciones de quienes, por encima de cualquier otra consideración, tienen como deber supremo “… garantizar la seguridad de todos los españoles”, a saber los jueces y cuerpos de seguridad.

El punto culminante de la sesión de hoy, a todas luces la penúltima de las que componen este juicio estrambótico que no busca sino la verdad, ha sido en efecto la declaración de condena solicitada por la fiscalía pública, y posteriormente replicada sin mayores modificaciones por la acusación particular, en este caso la Associació Catalana de les Víctimes d’Organitzacions Terroristes. Añadiendo ocho años a las penas solicitadas con anterioridad para cada uno de los acusados por encontrarlos culpables del inasible delito de conspiración, la fiscalía parece empeñada hasta las últimas consecuencias en defender la bondad moral del auto exigiendo la máxima severidad con los detenidos. Estos, mientras tanto, asisten obedientemente a los procedimientos de una vista en la que dirime su presente y futuro sin contar siquiera con una traducción que pudiera permitirles entender hasta qué punto su vida pende de un hilo. Nadie ha previsto, ni considera necesario, que los detenidos comprendan exactamente de qué se les acusa; según parece, su contribución a la identificación de la verdad se da por descartada. En la atmósfera opresiva y lúgubre de un sótano de la Audiencia, sólo presenciamos un gesto de calidez: el saludo afectuoso que los detenidos dirigen a sus familiares una vez finalizada la sesión. Es muy posible que el vidrio que separa a unos y a otros sea a prueba de balas, pero todavía no parece impermeable a las muestras de afecto.

La fiscal Mª Dolores Delgado, personada habitualmente en las causas de terrorismo yihadista que tienen lugar en la Audiencia Nacional, ha aducido la jurisprudencia que justifica tamaña solicitud de pena por parte del ministerio público. Si bien ha referido casos tristemente célebres como el de la Operación Nova, resulta significativo que se haya remitido al juicio contra Ekin para determinar el concepto de “terrorismo”, demostrando así que, desde la óptica de dicho tribunal, la actividad terrorista es un totum revolutum en el que caben organizaciones con orígenes, procedencias, móviles y modos de operación completamente distintos entre sí. Aunque el camino a la verdad pueda ser tortuoso, una vez localizada, ésta parece iluminarlo todo…

Sin mucha convicción, tal vez porque el testimonio del periodista Claudio Franco la semana pasada echó por tierra el escaso crédito que le restaba al video inculpatorio de Maulvi Omar, la fiscalía ha presentado dicha prueba en su informe, a la espera de que el juez estime su valor probatorio. No parece a estas alturas que pueda esperarse mucho de un video presentado en su momento por algunos expertos y medios de comunicación como prueba indubitable, como ha quedado en nada la acusación de falsificación de documento público que pendía sobre uno de los acusados, Qader Malik, que simplemente había fotocopiado y plastificado su permiso de residencia ante la eventualidad de que pudiera perderse.

La acusación particular, por su parte, ha hecho referencia a los numerosos “elementos periféricos colaterales” (sic) que dan fuerza a la declaración de F1, tratando con ello de soslayar la evidencia de que todo el auto reposa única y exclusivamente en la declaración de un “testigo protegido colaborador” (y aquí las alusiones a diversos autos contra redes de tráfico de drogas): los tubos de plástico vacíos, probablemente contenedores de bengalas, los guantes de látex, la nitrocelulosa, los balines de acero, etc. Pero la insustancialidad de esos elementos probatorios no se debe únicamente a su carácter circunstancial, ni tampoco a que el ministerio fiscal carezca de una sola evidencia que ligue a alguno de los detenidos con tales elementos, sino al hecho de que dichas bengalas parecen haber sido importadas de China por una empresa francesa, lo que da verosimilitud a la argumentación de que fue el propio F1 quien trajo dichos objetos días antes desde el país vecino.

La sesión concluye cuando el ministerio fiscal finaliza su alegato; entre los asistentes, queda en el aire la sensación de que resulta mucho más fácil entablar un combate por los hechos que un combate por una verdad construida sobre prejuicios y sobreentendidos. Mañana martes, con toda probabilidad, el juicio concluirá tras la presentación del informe de la defensa. Los hechos parecen concordar con las tesis sostenidas por la defensa, pero lo terrible es que tienen que hacer frente a un conjunto de intereses que se conjuran para hacer de la búsqueda de la verdad un pretexto para la razón de estado y para unas políticas preventivas basadas en la tipificación abstracta de los patrones de conducta que eventualmente permitirían la identificación de las personalidades terroristas.

noviembre 22, 2009

Javier Gómez Bermudez: “hay que ser muy escrupulosos, hace falta tener pruebas para comprobar que el hecho cometido sea delictivo”

Filed under: El Juicio,El sumario — yatero @ 12:49 pm

Estas declaraciones fueron hechas por el presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y actual presidente del tribunal que juzga a los 11 del Raval en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Sevilla, hace ahora un año. El 20 de noviembre del 2008, en una conferencia titulada “La respuesta judicial frente al terrorismo”, Javier Gómez Bermudez alertó del riesgo de que el miedo al terrorismo signifique dar a las autoridades legislativas, policiales y judiciales ” un cheque en blanco, para que les pongan a cubierto de esto, aunque para ello sea necesario sacar leyes especiales que limiten sus libertades”.

Aunque lo dicho por el que fue también juez durante el proceso por el 11M, parece una obviedad, si se tiene en cuenta la relación entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, y sobre todo las quejas de la Fiscalía al alto tribunal, no lo es tanto. Desde el Ministerio Fiscal, en sus informes anuales, se ha formulado la queja de que la línea del TS de rebajar o incluso revocar muchas de las penas aplicadas contra supuestos terroristas islámicos, por falta de pruebas, es un error fruto de no apreciar las “peculiaridades del terrorismo yihadista”.

Al respecto, Gómez Bermudez, en la conferencia realizada hace un año en Sevilla, defendió la línea de actuación del TS: “Cuando el Tribunal Supremo rebaja sustancialmente las condenas por yihadismo lo que está haciendo es preservar los derechos de los ciudadanos honrados, de nosotros mismos, porque lo que está manteniendo es una línea por debajo de la cual cree que podría ser frecuente que un ciudadano pueda ir a prisión por un delito que no ha cometido y por tanto está haciendo su trabajo y lo está haciendo muy bien”.

Mañana se reanuda el juicio a los 11 del Raval, que muy probablemente se cierre el martes, después de los alegatos de la Fiscalía, la acusación particular ejercida por la Associació Catalana de Víctimes del Terrorisme y de las defensas de los acusados. De las vistas celebradas la semana pasada se pueden destacar tres hechos importantes:  las contradicciones entre las declaraciones del testigo protegido F1 y las versiones policiales, el reconocimiento del periodista Claudio Franco de no haber realizado la entrevista en la que Maulvi Omar reivindicaba un atentado en Barcelona y la confirmación de la inexistencia de explosivos o huellas dactilares que incriminen a los acusados.

noviembre 18, 2009

El periodista de NEFA Claudio Franco firmó pero no realizó la entrevista en la que Maulvi Omar reivindica un atentado en Barcelona

En octubre del 2008 el periodista Fernando Reinares publicaba en el diario El País una exclusiva dentro del formato de artículo de opinión. El texto, titulado «¿Quién quiso atentar en Barcelona?», abría una nueva pista sobre la supuesta preparación de un atentado contra el transporte público en Barcelona. Reinares daba a conocer un video en el que uno de los portavoces del grupo Tehrik e Talibán Pakistán, Maulvi Omar, afirmaba que «los doce hombres de Barcelona habían jurado lealtad a Baitullah Mehsuh» y que el TTP «asume la responsabilidad de los hechos de Barcelona» por la presencia militar española en Afganistán. El video dado a conocer por El País fue posteriormente avalado por un informe de la Guardia Civil e incluido en el sumario contra los 11 del Raval que se juzga estos días en la Audiencia Nacional. Esta prueba, dudosa desde un principio, hoy ha perdido muchísima de la escasa credibilidad que podía tener, después de que su presunto autor reconociera que la firmó pero que no la llevó a cabo.

El asesor de la NEFA Foundation —una entidad cercana al Departamento de Estado estadounidense y en cuya web puede verse el video de Maulvi Omar— Claudio Franco (en la imagen), ha declarado hoy al tribunal que ni siquiera mantuvo una conversación telefónica con el portavoz del TTP. Franco ha dicho que en el momento de llevarse a cabo el encuentro con Omar, el 1 de agosto de 2008, él se encontraba en Londres y que en ningún momento fue partícipe del encuentro. Respondiendo a una pregunta realizada directamente y de motu propio por el magistrado Javier Gómez Bermudez —en un gesto bastante poco habitual en el juez que, normalmente, se limita a corregir o reformular los interrogantes de las partes—, el periodista de origen italiano ha reconocido que se limitó a enviar las preguntas a un colaborador suyo en Pakistán, del cual no ha dado el nombre, y que fue éste el que realizó el contacto y la entrevista en la zona de Wazristán, además de la traducción del pashtu al inglés para subtitular el video.

Claudio Franco también ha admitido que, entre las preguntas realizadas a Maulvi Omar, una de ellas interrogaba expresamente sobre Barcelona y que no era una pregunta genérica sobre acciones del TTP en Occidente. Esto apunta más si cabe al carácter falaz y oportunista de la reivindicación. Hay que recordar que a principios de este año la misma organización asumió como un atentado propio la matanza de 14 personas ejecutada por un ciudadano de origen vietnamita en un Centro de Inmigrantes de Nueva York, en términos casi idénticos a la vindicación sobre Barcelona: «Acepto la responsabilidad. Eran mis hombres. Se lo ordené en respuesta a los ataques de los aviones no tripulados de Estados Unidos». Declaración inmediatamente desmentida por el FBI, que confirmó que se trataba de una acción individual sin vinculaciones terroristas de ningún tipo.

Franco, que ha pedido declarar con la protección de la misma cortina tras la que han comparecido el testigo protegido y policías y peritos, también ha atribuido a «razones técnicas» el desfase existente entre el audio y la imagen durante la intervención del protagonista del video. Según el periodista, ambas partes estaban por separado y por tanto se montaron una sobre la otra. Durante su comparencia el abogado Jacobo Tejeilo también ha hecho referencia al intento realizado en 2003 por el periodista y asesor de la NEFA, de infiltrarse en la fundación musulmana Al-Muhajirun, ubicada en Londres y perfectamente legal, haciéndose pasar por un musulmán converso con la intención de descubrir un supuesto complot terrorista.

A otro nivel, los guardias civiles con números de identificación G 10377 D y D 863465 S, que escribieron el informe en el que se avalaba a la NEFA como una fuente solvente y fiable y el video como verosímil para ser aportado como prueba a la causa, hoy han reconocido que no hicieron más comprobación que visionar el documento audiovisual en la web de la NEFA, ya que esta asociación está entre sus fuentes habituales de consulta sobre terrorismo islámico. Según su propia declaración, en ningún momento se pusieron en contacto con ningún representante de la fundación ni con el supuesto autor del video.

Por otra parte, hoy también han declarado, en calidad de peritos, los Guardias Civiles que realizaron en su momento los diferentes informes científicos sobre explosivos, huellas dactilares y perfiles genéticos, en los que se ha confirmado la ausencia de pruebas incriminatorias contra los acusados. Los miembros de los TEDAX que han comparecido hoy han reconocido que la nitrocelulosa aportada a la causa, «en el estado en que fue hallada en lugar de reventar lo que provoca es chispas y colores». En este sentido, también han reconocido que la procedencia del polvo hallado en una bolsa blanca se corresponde en composición con el de las 8 bengalas Fontaine Royal que también figuran entre las pruebas del caso y que éstas están consideradas entre las «poco peligrosas, para niños de más de 8 años». Sobre la procedencia de las bengalas han declarado que «son de fabricación china pero de marca francesa». Este extremo vuelve a señalar en dirección al testigo protegido F1, que habría llegado tres días antes de que se activara el dispositivo policial, procedente de París.

Los TEDAX también han confirmado que los supuestos temporizadores de los que se ha hablado hasta ahora —y de los que el tribunal sólo ha conseguido localizar las carcasas— son «relojes de cocina» y que con ellos y el resto del material encontrado no es posible elaborar un artefacto capaz de causar estragos físicos o materiales. Pese a ello, han vuelto a señalar la hipótesis de que con dicho material se podrían estar llevando a cabo «ensayos». A la pregunta de la defensa de si con cables y pilas puede fabricarse un detonador, los TEDAX han respondido que no.

El resto de peritajes policiales han confirmado lo que ya podía leerse en los informes. En la bolsa en la que se encontró el supuesto material incriminatorio solamente encontraron dos huellas dactilares, ninguna coincidente con los 11 acusados, mientras que en un cuaderno y una hoja manuscrita también aportadas como pruebas se encontraron 16 huellas, pero ninguna corresponde a los imputados. En cuanto a los perfiles genéticos, sólo algunos de los restos encontrados en un rollo de cinta aislante pertenecen al acusado Mehmood Khalid, a lo que hay que añadir un perfil genético de varón que no ha sido identificado en la base de datos de la Guardia Civil.

La jornada de hoy del juicio, con la que se da por finalizada la primera tanda, confirma la ausencia de fundamentos materiales capaces de incriminar a ninguna de las 11 personas que llevan diez meses en la cárcel y cuatro días sentadas en el banquillo de los acusados. A esa falta de pruebas se le añade la falta absoluta de rigor demostrada hoy por el periodista Claudio Franco, responsable del video con el que se pretendía demostrar un complot urdido desde las montañas de Wazristan para realizar un atentado en Barcelona. Si las leyes de la lógica fueran aplicables a los actos de la Audiencia Nacional, podríamos decir que pintan bastos para el castillo de naipes que es este sumario. El lunes se reanuda el proceso. Habrá que esperar todavía.

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