Rastros de Dixan

noviembre 15, 2009

El acusado Maroof Ahmed Mirza sufre graves problemas psicológicos fruto de su estancia en prisión

Filed under: El Juicio — yatero @ 11:36 am

Después de la sesión del jueves del juicio a los 11 del Raval, la mayoría de medios de comunicación magnificaron un hecho determinado: la negativa a declarar de Maroof Ahmed Mirza. Mirza respondió a la primera pregunta del fiscal, negando conocer a Baitullah Mehsuh ―el lider del grupo Tehrik e Taliban Pakistán―, y acto seguido afirmó que «no me encuentro bien». Tras una entrevista con el abogado Jacobo Tejeilo fuera de la sala, a la vuelta Mirza hizo saber que no quería continuar respondiendo a las preguntas del tribunal. Sobre este acusado se han vertido las acusaciones más graves que recoge el sumario: «lider religioso y operativo del Grupo y organizador de los potenciales atentados terrorista […] es la persona que elegía y cambió los planes sobre fecha y lugares para la comisión de los atentados suicidas» según el instructor Ismael Moreno. Por esta razón, y pese a que el testigo protegido F1 era el mar de fondo en la sala, el rechazo de Mirza a declarar se convirtió en el principal foco de atención de los medios.

La importancia dada a su silencio no es ajena a que las 2 horas y media que duró la primera vista fueran un mero trámite. No en vano, aparte de su negativa a declarar, una frase de Qaader Malik en la que señalaba que «un animal no caga donde come» ―refiriendo que cómo iba a cometer un atentado allí donde vive y trabaja― fue la comidilla mediática al día siguiente. Sea como sea, el mutismo de Mirza dio lugar a todo tipo de conjeturas, desde los motivos religiosos hasta la insinuación de supuestas diferencias con su abogado: «Los motivos pueden ser varios: que el acusado no haya podido preparar a fondo la declaración con su abogado, que este último tema que su defendido meta la pata al hablar… Algunas personas de fuertes creencias religiosas prefieren incluso no declarar y no defenderse antes que arriesgarse a verse en el brete de tener que mentir» (El Periódico, 13/11/2009).

Lo cierto es que Mirza, según hemos podido saber de fuentes cercanas a la defensa, se encuentra en una situación psicológica y emocional grave, fruto de su estancia en prisión desde enero de 2008 y de la situación económica de su familia, que depende totalmente de él en ese aspecto. Su mujer y sus cuatro hijas viven desde entonces del apoyo de familiares y miembros de la comunidad pakistaní, sin que dispongan de recursos para valerse por sí mismas. Eso y la dureza de la vida en la cárcel han supuesto un mazazo para el carácter de Maroof Ahmed Mirza, que ha sufrido algunos episodios de ansiedad y depresión, al extremo de que al menos en dos ocasiones ha tenido que ser ingresado en un hospital psiquiátrico. Mirza actualmente está recibiendo asistencia psicológica. Según la defensa ejercida por Jacobo Tejeilo y Benet Salellas, es esta inestabilidad de Mirza la que explica su negativa a declarar y no ninguno de los motivos que se han manejado durante estos días.

Por otro lado, mañana se reinicia el juicio con la posible declaración del testigo protegido F1 como principal incógnita y expectativa. Pese a que nadie es capaz de afirmar si finalmente comparecerá ante el tribunal, si en algo hay unanimidad actualmente es en que su figura será la que determine el desenlace en este proceso.

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